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Coordinador:

Juan Carlos Morales González (FIAN Colombia)

Comentaristas:

Mónica Godoy (U. Externado), Álvaro Toledo (U. Externado), Freddy Ordoñez (ILSA), Javier Lautaro Medina (CINEP)

Relatora:

Erika Prieto

Participantes:

Weimar Possu, Consejo Comunitario Campesino Palenque Monte Oscuro – CCCPMO: Experiencia comunitaria: Comunidades negras y derecho a la alimentación.

María Francisca Falcones Bone, Asamblea de organizaciones, pueblos y nacionalidades de la costa ecuatoriana, comunidades eclesiales de Quinindé, Ecuador: Experiencia comunitaria: concentración de tierra, expansión de la agroindustria y conflicto social. La resistencia de las comunidades eclesiales de Quinindé, Provincia de Esmeraldas.

Laura Gutiérrez, Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill: Resistencia frente a los transgénicos y la monopolización de las semillas en la zona cafetera: el caso de Asproinca.

Luis Carlos Estupiñan, Corporación Buen Ambiente – Corambiente, Santander Experiencia comunitaria: acompañamiento de comunidades en planes de soberanía alimentaria.

Hernán Darío Correa IPES: Mercado alimentario urbano y soberanía alimentaria.

Absalón Arias, Ricardo Cardona, Sergio Usuga (Sur del Tolima) Experiencia comunitaria: Análisis de la soberanía alimentaria en el territorio de la región Gualí.

Julieta González Programa ProSeDHer, Defensoría del Pueblo Promoción y defensa del derecho a la alimentación: Un experiencia desde la defensoría del pueblo.

Leonardo Homen Consejo Regional Indígena del Huila, CRIHU: Experiencia comunitaria: Propuesta Seguridad Alimentaria, CRIHU.

Richard Doughman Universidad del Rosario:
Control territorial, expansión del modelo agroexportador y la erosión del sistema alimentario campesino: el caso del este paraguayo.

Arely Collazos, John Gálvez, Luz Idalia Usuriaga, Hermes Gonzalías, Fraydaley Echeverry Norte del Cauca: Experiencia comunitaria: La agroindustria cañera y el derecho a la alimentación en la población afrocolombiana en el norte del Cauca.

Carlos Del Cairo, Diana Ojeda Universidad Javeriana: Imperativos verdes y autonomías territoriales campesinas.

Concejo de Interlocución Campesino y Comunal, CICC: Los mercados campesinos de Bogotá.

La mesa indagó sobre los usos y la relevancia de los diferentes marcos conceptuales, políticos, jurídicos con los que se comprende o gestiona la alimentación de las comunidades, con el fin de plantear cómo el modelo de desarrollo rural y el proceso de la concentración de tierras restringen las posibilidades de la soberanía y la autonomía alimentaria, a escala nacional y local. ¿Puede la soberanía alimentaria, como concepto político y práctica social, orientar las políticas públicas de: alimentación y comercialización alternativa y de un ordenamiento territorial centrado en la salud y la vida? ¿Estas políticas y acciones pueden promoever a los medianos productores y a la economía campesina colombiana?



¿Cómo se viene expresando en su región el acaparamiento de tierras y recursos y el actual modelo de desarrollo rural?



Según la experiencia de su organización o de su caso, ¿Cómo ha afectado el actual modelo de desarrollo rural el acaparamiento de tierras y recursos, el derecho a la alimentación y la soberanía alimentaria de su comunidad o región?



El desarrollo de la mesa se enfoco en la caracterización del extractivito como uno de los generadores de la concentración y acaparamiento de tierras, destacando como procesos como la minería, la expansión de monocultivos y los megaproyectos energético y demás de infraestructura, restringen la vida de las comunidades en sus territorios y así mismo las condiciones de ejercer su autonomía alimentaria.



La minería, especialmente la gran minería o “megaminería”, está presente como realidad o amenaza en los distintos territorios. Por citar unos ejemplos, en el Departamento del Tolima, específicamente en el municipio de Fresno, las organizaciones calculan que el 94,6% de su territorio está afectado por títulos mineros. Una situación similar se da en el departamento de Santander, donde la actividad minera afecta o amenaza grandes territorios y hábitats estratégicos para la preservación de los ciclos locales del agua, generando además la contaminación de las fuentes hídricas con cianuro. Esta amenaza se extiende incluso a parques naturales con la presencia de la Transnacional minera Greystar .



Otra actividad extractivista ligada con el acaparamiento tiene que ver con la expansión de los monocultivos, que no solo son un mecanismo concreto de acaparamiento de tierras (mediante propiedad/tenencia efectiva y/o uso), sino también de recursos económicos locales, bienes naturales y conocimientos. En la región colindante con Fresno, Tolima, el monocultivo de maderables de pino se relaciona con fenómenos de acaparamiento y contaminación de fuentes de agua. Esta situación se repite en varias zonas de Santander para el caso de la palma aceitera, como sucede con el mismo cultivo en María la Baja y en la zona de Esmeraldas, en la República del Ecuador. En el caso de Paraguay, un fenómeno similar se da con la expansión del cultivo de la soya, que junto con la ganadería, ha traído el control de grandes porciones del territorio nacional por empresarios locales y brasileños.



Otro tipo de actividades o proyectos que vehiculizan el acaparamiento son el montaje de grandes obras de infraestructura, que ni son consultadas con las poblaciones étnicas cuando estas afectan sus territorios. Lejos de ser de “interés común”, denominación con la cual desde el Estado se encubren pretensiones afines al capital y que sin ser debatidas/aprobadas públicamente, se presentan como de “utilidad pública”, pero que les traen graves consecuencias a los territorios y las personas que en ellos habitan. La construcción de la Represa de Hidromiel, por ejemplo, ha aumentado los niveles de humedad de la región que acarrea drásticos cambios en el microclima y en los diferentes hábitats. Co ello, no solo se desvían los cursos hídricos sino que se amenaza la alimentación de la población campesina y la productividad alimentaria de la región.



Estos proyectos materializan una tendencia del modelo de desarrollo rural, que impulsa otras formas de extractivismo como son la imposición de cultivos con semillas genéticamente modificadas; la persecución a las formas tradicionales de intercambio, uso y mejoramiento de semillas; la coacción para la adopción de paquetes tecnológicos de alto costo, entre otras. Así, por ejemplo, en la zona cafetera la imposición de semillas certificadas no sólo para el cultivo del café y de paquetes tecnológicos de alto costo, ha sido una estrategia empleada para que la población campesina cada vez tenga un menor control sobre su producción. La compra de agrotóxicos vinculados a esos modelos productivos también les menguan los recursos y les atan las manos a los productores campesinos en Fresno, y el valle geográfico del río Cauca, donde el monocultivo de la caña ha sido un azote para las culturas de las comunidades afrodescendientes.



Las personas de la mesa subrayan la importancia de esta problemática recordando cómo la Resolución 970 de 2010 del ICA trasladó a los territorios la conflictividad nacida del control y uso de simientes, la cual enfrenta a dos formas distintas de ver las cosas, la vida y los territorios: por un lado la del poder corporativo y de los Estados que le son funcionales, que pretende que la vida es una mercancía y que los derechos de las comunidades son dispensables, y, por el otro, la de los pobladores rurales que luchan por mantener sus formas de producción y culturas, así como su papel de guardianes de la biodiversidad y los bienes comunes.



Para ampliar sobre este tema y el desarrollo de esta mesa ver memorias del evento.



En todos los lugares en los que habitan las experiencias/comunidades participantes en la mesa, las actividades asociadas al extractivismo fueron identificadas como las principales responsables del acaparamiento.

 

La minería, como fenómeno predatorio, especialmente la gran minería o “megaminería”, está presente como realidad o amenaza en los distintos territorios. Por citar unos ejemplos, en el Departamento del Tolima, específicamente en el municipio de Fresno, las organizaciones calculan que el 94,6% de su territorio está afectado por títulos mineros. Una situación similar se da en el departamento de Santander, donde la actividad minera afecta o amenaza grandes territorios y hábitats estratégicos para la preservación de los ciclos locales del agua, generando además la contaminación de las fuentes hídricas con cianuro. Esta amenaza se extiende incluso a parques naturales donde la Transnacional minera Greystar tiene posados sus afanes lucrativos.

 

Otra actividad extractivista ligada con el acaparamiento tiene que ver con la expansión de los monocultivos, los cuales no solo son un mecanismo concreto de acaparamiento de tierras (mediante propiedad/tenencia efectiva y/o uso), sino también de recursos económicos locales, bienes naturales y conocimientos. En la región colindante con Fresno, Tolima, el monocultivo de maderables de pino se relaciona con fenómenos de acaparamiento y contaminación de fuentes de agua.

 

Esta situación se repite en varias zonas de Santander para el caso de la palma aceitera, problema no muy distinto que con el mismo cultivo ocurre en María la Baja y en la zona de Esmeraldas, en la República del Ecuador, de dónde provino una experiencia participante en la mesa.

 

En el caso de Paraguay, un fenómeno similar se da con la expansión del cultivo de la Soya, que junto con la ganadería, ha tenido como consecuencia la pérdida de grandes porciones del territorio nacional a manos de empresarios locales y brasileños.

 

En la zona cafetera la imposición de semillas certificadas no sólo para el cultivo del café, así como de paquetes tecnológicos de alto costo, ha sido una estrategia empleada para que la población campesina tenga cada vez menos control sobre su producción.

 

En igual dirección, la compra de agrotóxicos vinculados a esos modelos productivos también mengua los recursos y atan las manos de los productores campesinos en Fresno, y el Valle Geográfico del río Cauca, lugar este donde el monocultivo de la caña ha sido un azote para las culturas de las comunidades afrodescendientes.

 

De la mano con la instrumentalización de estos paquetes tecnológicos en aras del acaparamiento, la presión ejercida por el Estado para que las comunidades rurales utilicen semillas genéticamente modificadas y se sometan a las leyes internas que restringen su uso y circulación en contra del manejo tradicional de las simientes, es innegable. Tal situación fue puesta en evidencia por ASPROINCA respecto a las semillas en la zona cafetera, en donde hay planes para expandir el uso de maíz transgénico. Para los campesinos de la región, el acaparamiento de semillas es una forma de acaparamiento y control de la tierra. En ese sentido, cuando se criminaliza a la población campesina por usar e intercambiar las semillas que siempre usaron o aquellas que se derivan de procesos propios de mejoramiento, se está incurriendo en otra forma de acumulación por desposesión a favor del poder corporativo vinculado con las semillas y los agrotóxicos. Una realidad semejante fue denunciada por el CRIHU en el departamento del Huila.

 

La construcción de la Represa de Hidromiel, ha aumentado los niveles de humedad de la región lo que sin duda acarrea drásticos cambios en el microclima y en los diferentes hábitats. Esto, además de acompañarse por el desvío de cursos hídricos, amenaza la alimentación de la población campesina y la productividad alimentaria de la región. Sobre cómo el extractivismo y el acaparamiento afecta el derecho a la alimentación de las poblaciones y su soberanía alimentaria, el CRIHU llamó la atención sobre un elemento clave: la soberanía alimentaria de los pueblos indígenas (tema extensivo a otras poblaciones rurales) está determinada por el dominio/control que las poblaciones tienen de su territorio, la diversidad y disponibilidad de semillas propias, la posibilidad de intercambio de esos bienes naturales, y el fortalecimiento de las prácticas culturales asociadas. Si alguno de esos componentes no se da, la soberanía se pierde y las comunidades inician un tortuoso y doloroso proceso de privación de sus medios y formas de vida.

 

Más cercano a dicha realidad es hablar de “acaparamiento de tierras, territorios y recursos o bienes naturales”, entendiendo que el acaparamiento implica de por sí, dentro de una de sus muchas formas en que se expresa, dinámicas de concentración efectiva de la, por ejemplo, titularidad de las tierras. Mientras que la “concentración” se entiende más a manera de concentración de títulos o propiedad efectiva, el acaparamiento involucra muchas formas de control sobre tierras, territorios y recursos en los que los acaparadores no necesariamente son “dueños” o “propietarios” de lo que controlan.

 

En ese sentido, se acapara también el uso de esas tierras, territorios y recursos, de maneras tales que no involucran únicamente la propiedad o tenencia: contratos de arrendamientos que firman las empresas con los campesinos; incorporación de los productores rurales a encadenamientos productivos regidos por el gran capital; cesión/concesión de territorios públicos a las corporaciones; imposición de regímenes laborales que atan a los productores campesinos a las compañías; restricción al uso e intercambio libre de semillas y razas nativas de plantas y animales, respectivamente; imposición de OGM y paquetes tecnológicos que no han demostrado inocuidad absoluta en relación con los posibles daños al ambiente y la biodiversidad; por sólo citar algunas formas en que se concreta y da ese acaparamiento.

 

Se llamó la atención también sobre esos agentes que aprovechando sus vínculos con los Estados, se convierten en intermediarios o protagonistas de la concentración: técnicos de distinto tipo; académicos financiados por el poder corporativo y que trabajan en universidades o centros de investigación; militares que se adueñan de tierras (muy notorio en Ecuador, Paraguay Guatemala que contaron con experiencias en la mesa), entre otros.

 

Las instituciones académicas deben ser responsables y verdaderamente interesadas por el futuro del país, acompañen a las comunidades y fortalezcan con las herramientas adecuadas los procesos de defensa de los territorios que ellas adelantan.

En sentido parecido, se reconocen la importancia estratégica de mayores acompañamientos por parte de organizaciones de defensa de los derechos humanos, tanto nacionales y estatales, como extranjeras.

 

Es importante fortalecer las movilizaciones sociales, incluyendo el acompañamiento a los movimientos y exigencias que se expresaron en el contexto del reciente paro agrario.

 

Llaman la atención, la necesidad de generar articulaciones con los comerciantes, pobladores rurales, gremios y amas de casa, en temas donde sea evidente los perjuicios comunes que son resultado del actual modelo de desarrollo y el acaparamiento.

 

Las comunidades deben avanzar en la formulación de planes de vida propios y de gestión autónoma de sus territorios.

 

Se deben mejorar su capacidad de incidencia (o vigilancia de) para la formulación de políticas públicas que sean consecuentes con sus aspiraciones y derechos y no sólo a los intereses del capital.

 

Se propone también que más allá de las acciones represivas por parte del Estado, se generen/fortalezcan dinámicas propias de protección de las semillas y formas productivas tradicionales.

 

Es necesario implementar propuestas de desarrollo específicas para comunidades que habitan ecosistemas estratégicos en riesgo. Estas propuestas deben se fundamentadas en las necesidades y aspiraciones de esas poblaciones.

 

Reconociendo de la lucha contra el acaparamiento y el depredador modelo de desarrollo imperante pasa por reconocer que hay una correspondencia entre dicho acaparamiento y el actual modelo de ciudad, se evidencia la urgencia de debatir y fortalecer políticamente el argumento de que sin reforma urbana no puede haber reforma rural y viceversa.

 

Deben ser fortalecidas las acciones dirigidas a la creación de capacidades en los y las jóvenes, pues el relevo generacional de las luchas debe enfrentar el reto de un campo que se despuebla y de unas generaciones que se ven presionadas hacia la adopción de medios de vida y lógicas consumistas.

 

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